jueves, 3 de noviembre de 2011

Inadvertido


-Lo único concreto es que soy un estropajo humano ahora.
-¿Y si te olvidaron por un tiempo? Tal vez se acuerden de ti en unos días más y telefoneen para saber cómo estás.
-Si al menos fingieran que me recuerdan aún... O al menos pudieran decirme que ya no les sirvo más... No perdería mi tiempo pensando en ellos, sufriendo...
-Eres demasiado hormonal para ser hombre.
-Y tú eres demasiado racional para ser producto de mi imaginación.
-Iré por algo de té caliente, descansa.
-Tráeme el cuchillo...
-Lo afilaré un poco antes de usarlo. Tranquilo, no vas a recordarlos a ellos nunca más, pero ellos te recordarán toda su vida...
-Prefiero que se olviden de mí.
-Sabes que no es cierto.
-Lo sé, pero prefiero pensar que así todo estará mejor. ¿No ibas a por té?
-Creo que no es el momento ahora. Deberías descansar.
-No puedo. Llevo toda la noche en vela. Es imposible.
-Te ves horrible.
-Me veo tal como me siento. No soy más que una miseria.
-¿Derrotado?
-Decepcionado, más bien.
-Pues no deberías. Tú causaste todo esto.
-¿Así lo crees?
-En parte.
-Lo sé, pero no lo entiendo. Ellos eran parte de mi vida. Y ella… Ella lo era todo… Algo a lo que asirme cuando todo estaba de cabeza. Se convirtió en mi salvavidas, algo raído, pero era mi salvavidas.
-¿Y ahora qué? ¿Piensas ahogarte en tu miseria?
-Es una buena idea. Al menos de momento.
-No es tu estilo.
-Perdí todo mi estilo cuando la conocí. Me quedé sin rudeza y sin inclemencia. Francamente, se fue un poco de mí. Perdí sin darme cuenta que jamás iba a ganar. He muerto, Emilio.
-Aún no.
-No de una forma literal, hombre. Se me ha muerto el alma. El cerebro no quiere pensar, solo desconectarse, alejarse.
-¿No crees que es demasiado?
-Es un exceso, lo sé.
-Entonces…
-Entonces nada… Déjame morir en paz, mal hombre, que ni ella ni ellos, nadie, ninguno, hablen de mí. De sus bocas no quiero volver a oír mi nombre, porque se me desgarra el desasosiego y la congoja se atraganta a medio camino. No puedo tragar. Dejé de pensar.
-Tanto melodrama por ese grupito tan insólitamente corriente.
-Me gustaba lo corriente. Terminé por acostumbrarme. Un paseo por el parque, una taza de té al atardecer, las tardes de póker en casa de Alberto…
-Conseguirás reponerte. Siempre lo haces. Ya verás que hay muchos otros ellos y ellas a quienes conocer. Cuando logres levantarte y asearte, eso sí.
-¿Es que no lo ves aún? No quiero otros ellos, ni otra ella. Ninguno. Nadie más. Me he quedado vacío, desierto, deshabitado. Me derramé por completo.
-Ya te olvidaron. No volverán a extrañarte. Ya no te necesitan.
-Crueles tus palabras que me taladran el corazón, amigo mío.
-Alguien tiene que hacértelo saber.
-Lo sé. También me doy cuenta de ello. Tal como me has dicho, hay mejores cosas en esta vida que yo. Después de todo, no soy la gran cosa.
-Claro que no eres la gran cosa en este estado.
-Respeta mi dolor, joder…
-No puedo.
-¿Cómo dices?
-No puedo respetar tu maldito dolor, viéndote ahí, auto-compadeciéndote de tu persona por quienes ya no lo valen.
-¿Cómo he de saber que ya no lo valen más?
-Te lo han hecho saber, ¿no?
-Nadie me ha dicho que ya no valgo la pena.
-Es algo inherente al olvido. Si te olvidan, ya no vales. No existes más para ellos, menos aun para ella.
-Ella… Oh, mi ella…
-Deja el sufrimiento… Y la cama… Los pañuelos… Nadie va a compadecerse de ti, por más que te esfuerces en dar lástima de esta vulgar manera.
-Pero ella… Era mía… Sus cariños, su aroma… Acariciar su cintura con la yema de los dedos cada vez que la tenía desnuda para mi… Mirarla hasta que se dormía entre mis brazos… Amarla como nunca amé a mujer alguna, quererla, protegerla… Desearla casi con locura… Aún recuerdo su respiración desacompasada cuando le hacía el amor…
-Sí, sí… Todos muy lindos recuerdos, pero ella ya lo ha superado. Ahora duerme en los brazos de otro, y es otro el que acaricia su cintura por las noches, otro respira el aroma de su cabello y la mira dormir. Deberías hacer lo mismo.
-No puedo. Ahora no. Es todo tan reciente. Mi mente se nubla. Estoy mareado.
-Se te va a pasar. Solo estás aturdido por el golpe, no es nada más que eso. Deja de ser tan visceral
-Por un momento déjame vivir el luto de mi alma marchita. Al menos por hoy.
-Aún no sé qué viste en ella.
-Algo que nadie más vio. Eso es lo que me volvió loco. Su curiosidad por saberlo todo. Cada vez que me hallaba en el estudio ella lo invadía todo con su aroma, preguntando acerca de mis investigaciones. Le interesaba. Era tan vivaz, alegre. Esos ojos que al principio no decían nada, profundos, azabache, decidores, pero que si los mirabas con atención le describían a la perfección, la desnudaban por completo. Me bastaba con mirarla a los ojos para saber cuándo algo no iba bien… A pesar de los años… A pesar de los años nunca logré sostenerle la mirada… Siempre me superaba, cual quinceañero embobado…
-Eres un gran poeta.
-De nada me sirve serlo si nadie va a leerlo.
-Si ella no va a leerlo, querrás decir.
-Como sea…
-No te enojes conmigo, que no tengo la culpa de tus desgracias sociales. Soy el único que vale la pena aquí, por lo visto.
-Perdón, perdón… Mi falta de claridad ha conseguido afectar a mi criterio… Escaso a estas alturas.
-No te culpo por ello, pero deberías empezar a pensar en otro tipo de cosas… Como ducharte, por ejemplo.
-No tengo fuerzas ni para comer, amigo mío. Soy un saco de huesos, postrado aquí, compadeciéndome de mí mismo con la esperanza vacía y el corazón acuchillado.
-Qué harás con… Ya sabes… Tu… Sorpresa…
-Eso es lo que aún sigue doliendo. Me siento completamente estúpido. De haber sabido que todo terminaría de este modo no me habría molestado en viajar la mitad del planeta para verle. La primera vez no funcionó, inconvenientes se presentaron y tuve que volver… ¡Y pensar que todo estaba listo para partir nuevamente! Pasajes, maletas… Se suponía que sería una linda sorpresa. Llegar de improviso a golpear su puerta y ver esa sonrisa encantadora y coqueta posada en sus labios… Fue un momento incómodo… Decidir entre alejarme, o intentarlo un poco más… Decidí intentarlo… Compré pasajes por anticipado… Viajar a verle era mi único aliento… Y ahora… No queda nada…
-Haré que devuelvan esos pasajes.
-Será lo mejor. Después de todo, no voy a necesitarlos. Sería una soberana estupidez querer viajar a pesar de todo. Ya me han olvidado, ¿no?
-Sí.
-¿Crees que todo me han olvidado? ¿Así de simple?
-Así de simple, Frank. Porque estás muerto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario