domingo, 22 de enero de 2012

Origen de un latido


Hoy se dio cuenta de algo. Su pecho ardía, molesto y sobresaltado, como angustiado, pero de felicidad. Era una extraña sensación, una mezcla de emociones que las palabras no podían describir. Mundanas y empobrecidas, no le servían de nada. Tenía ganas de gritar, correr, saltar y volver a gritar aún más fuerte, si cabía. Se creía capaz de todo. Cualquier cosa. Todo era posible desde ahora. Se sentía absurda, ilusa, feliz, embobada. Todo a la vez. Como si fuera la primera vez que su corazón latía de esa manera, desbocado, como la primera vez, pero era mucho mejor, porque sabía que en otro lugar del planeta había otro corazón que latía igual que el suyo. Latía tan fuerte que podrían haberle oído al otro lado del mundo, y no le habría importado. Estaba asustada, sí. Tenía que reconocerlo. No sabía por qué, no había razón para estarlo. Aún así, lo estaba. Asustada, tal vez, de tanta perfección de tanta complicidad, de tanto de todo. Exceso de todo. Pero le gustaba. Tal vez incluso se acostumbrara. Sí, podía hacerlo, quería acostumbrarse a sus besos y a sus abrazos, a sus manos firmes recorriéndole la espalda, estrechando su cintura para mantenerle junto a él, mientras el corazón volvía a latirle una y otra vez, cada vez más rápido que el anterior, desacompasado y antojadizo, ansioso, anhelante, sincronizado con el otro, como si fueran uno solo. Sentía que así debió haber sido siempre. Que esa era la manera correcta en que su corazón debía latir, que cada latido era una palabra no dicha, porque las palabras no hacían falta, porque no se acercaban a trazar siquiera aquello que le inundaba la mente y el corazón. Le embargaba por completo, como poseída, mejor que cualquier droga y, por lejos, mejor que cualquier antidepresivo jamás creado. Si pudiera envasarse no existiría la infelicidad. Lo encontró sin buscarlo, después de muchos otros latidos sin sentido, sin un rumbo, desorientados. Pero este latido era especial. Este latido tenía un nombre detrás. Cual caballero medieval llegó a rescatarla desde el último cuarto de la torre más alta. Cual damisela en peligro, llegó a libertarla de quién sabe qué cosa. Era como un cuento de hadas de esos que te contaban por las noches antes de ir a la cama, de ensueño. Así se sentía, como un estado de sopor constante. Del letargo solo le sacaba el incesante palpitar en su pecho, que no se cansaba jamás de latir así, exultante y eufórico, alegre de saberse correspondido en algún lugar del mundo. Hoy se dio cuenta de algo. Su pecho ardía, molesto y sobresaltado, como angustiado, pero de felicidad. Era una extraña sensación, una mezcla de emociones que las palabras no podían describir. Lo amaba.




πειρατης

5 comentarios:

  1. No Tengo Nada Mas Que Decir!! Solo Corroborar Cada Una De Esas Palabras!

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    1. Muchas gracias por comentar, señor don Caballero Medieval :B
      Le amo ♥

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    2. Y Yo A Ti! Y Te Protegeré Con Mi Vida Siempre♥

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  2. Que hermoso!! Espero que esa sensación dure bastante y conserves la sonrisa por mucho mucho tiempo.. la mereces C:

    un abrazo gigante, te quiero ! :)

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